Es cerrar una ventana y abrir una puerta. Una grande, inmensa. Con vidrios polarizados, que no podes ver del otro lado. Tengo la mano en el picaporte y estoy a nada de abrirla. Y una vez que lo haga, no hay vuelta atrás. Es la aceptación total del paso del tiempo, de que las cosas cambiaron y se vuelven irreversibles.
Pienso que estoy sola, pero no porque el miedo se propuso acompañarme y el nudo en la garganta aparece cada vez que alguien me pregunta "¿cuándo empezas?". La aventura se vuelve personal, empezar de cero sin nadie que me agarre la mano y me haga sentir acompañanda. Recae en mi encontrar gente y tratar de terminar algo que por primera vez elegí yo, sin presiones de nadie.
Es aprender a confiar en mi y proponerme nuevos logros. Cambiar las prioridades.
Es la eterna incertidumbre: ¿Podré o no podré?. ¿Es lo mio o no?. ¿Habré elegido bien?
vas a poder
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