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Resistir es no resignarse. No resignarse y seguir soñando, siempre.

domingo, 7 de octubre de 2012

Rocío

Rocío vive en una casa humilde, suelo de tierra. Roció cree en Dios, cree en las bendiciones y en la oración.  Rocío tendrá 16 o 17 años. Ella nos dejo pasar a su patio, porque su casa estaba desordenada. Apareció con un bebé. Rocío es mamá, su hijo se llama Matías. Matías tiene seis meses y todavía no está bautizado. Rocío a su corta edad pasó por nueve meses de embarazo y un parto. Rocío estaba a las diez de la mañana en su casa cuidando a su hijo. En el patio había una jaula con dos gallinas. Después de la bendición que le dio el padre, apareció un pato. Un patito bebé, amarillo y peludo salió de la casa y  pasó entre las piernas de Rocío. “Mi otro hijo” dijo ella, mientras todos nos reíamos. Rocío tiene motivos por los que ser feliz. Rocío vive otra realidad, la realidad que se vive en las villas. Rocío vive en Ciudad Oculta, y Matías va a crecer ahí, rodeado de gente con pocos recursos pero buen corazón, porque en ese lugar donde abundan los perros abandonados y hay escasez de dinero, hay por sobre todo gente generosa y que se preocupa por los más chicos. Porque nada es lo que parece. Y acá que nos sobran recursos, nos vivimos quejando. Rocío seguro se queja menos que nosotros, porque es feliz con su hijo, sus dos gallinas y su pato bebé.

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